JUNTXS
5/2/2026
31/5/2026

En juntxs, rafa esparza reúne escultura, pintura, video, sonido e instalación para explorar cómo se forman y sostienen los vínculos de cuidado, deseo y resistencia colectiva en contextos de violencia estructural, vigilancia y exclusión. Anclada en historias materiales y en la experiencia encarnada, la exposición se centra en el adobe—un material ancestral, de uso intensivo en el trabajo manual, cargado de memoria, territorio y saber comunitario—como medio tanto estructural como simbólico.

A lo largo de tres espacios interconectados, juntxs se despliega como un paisaje afectivo donde cuerpos, arquitecturas y objetos se fusionan, proponiendo formas de estar juntxs que operan más allá de la visibilidad institucional. Espacios domésticos, queer, clandestinos y subterráneos aparecen no como lugares de retiro, sino como zonas activas de refugio, reorganización y supervivencia. Aquí, la intimidad y la colectividad funcionan como estrategias políticas, ofreciendo resguardo frente a sistemas militarizados de borramiento y posibilitando prácticas compartidas de cuidado y apoyo mutuo.

En la sala principal, una figura reclinada de adobe que remite a un Chac Mool descansa entre herramientas agrícolas y réplicas de armas, evocando espacios de trabajo donde la explotación ha dado lugar históricamente a formas de organización y resistencia colectiva. La instalación colapsa las distinciones entre trabajo, descanso y defensa, poniendo en primer plano al cuerpo como entidad simultáneamente vulnerable y resiliente. En el pasillo, formas arquitectónicas se hunden en un piso de adobe incrustado con fragmentos de materiales y escombros militares y policiales, que poco a poco se ensamblan hasta conformar una figura que carga a un niño: una imagen de interdependencia modelada por la presión, el peso y la continuidad entre generaciones. Retratos pintados de familiares y amistades demarcan el recorrido, afirmando los gestos cotidianos de cercanía y convivencia como actos de resistencia y persistencia.

La sala de video presenta un entorno cargado donde se cruzan la vigilancia y el deseo. Un paisaje de follaje denso se despliega en el espacio, mientras una única vitrina incrustada en el piso evoca un sitio arqueológico del cruising, albergando rastros de encuentros íntimos y fugaces dentro de un territorio marcado por la exposición y el ocultamiento. Encima de este espacio, un cielo proyectado— interrumpido por el paso de helicópteros—sitúa la sala en un estado de observación suspendida. La visión se convierte en un terreno disputado, donde mirar, detectar y conectar se superponen, revelando cómo el deseo y el control operan a través de mecanismos paralelos de atención y exposición.A lo largo de juntxs, esparza reflexiona sobre cómo las personas mismas se convierten en formas de arquitectura cuando los espacios físicos para el encuentro son restringidos o eliminados. A partir de concepciones indigenistas de la tierra y los objetos como entidades relacionales, la exposición imagina modos de protección y pertenencia que existen fuera de los marcos legales formales. En lugar de apelar al reconocimiento institucional, juntxs se pregunta cómo estas relaciones pueden entretejerse de manera intrínseca en la vida cotidiana—como prácticas de cuidado, como trabajo compartido y como formas colectivas de sostener espacio para lxs demás.

Al materializar cuerpos como estructuras y estructuras como cuerpos, juntxs propone el cuidado no como un gesto sentimental, sino como una fuerza activa: algo que se construye, se mantiene y se defiende en común.

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